Desde antes de que se iniciara el conflicto con La Folixa Rock Bar, Roberto Colunga tuvo hasta 7 oportunidades para resolverlo de forma privada. No fue posible debido a su actitud contradictoria —un día sólo se mostraba dispuesto a negociar el despido; al otro jamás se le había pasado por la cabeza despedir al trabajador y quería negociar la tabla reivindicativa; otro que desconocía el convenio, y así hasta 7 reuniones— que respondía a una estrategia para dilatar en el tiempo las negociaciones.

Podría haber sido claro y no haber mentido al trabajador el 30 de abril cuando le dijo que sus condiciones no cambiarían en absoluto. Podría haber reaccionado cuando el trabajador fue, por dos veces (13 y 14 de mayo), a ponerle al corriente del clima insoportable que se vivía en el puesto de trabajo desde la incorporación de su nuevo ‘socio’. Podría haber sido honesto y admitir lo que sólo en la primera reunión y en la conciliación admitió: que no quería otra cosa que el despido. Podría no haber forzado la situación cortando el pago de las nóminas como respuesta a la constitución de la sección sindical. Se podía haber llegado a un acuerdo de forma privada en las cuatro reuniones que tuvo con el sindicato. Pero forzó la situación hasta el extremo en el que no nos dejó otra salida que denunciar públicamente lo que estaba pasando.

Nosotras respetamos los tempos de negociación privada y no se difundió nada en absoluto hasta en el momento en el que no vimos otra salida que hacerlo público. Roberto Colunga, como se deduce de sus propios comentarios, fue preparando el terreno con mentiras y verdades a medias, boca a boca, creando un clima propicio para, cuando consiguiera hacer saltar todo por los aires, hacerse la víctima y culpabilizar al trabajador.

Desde entonces, las difamaciones por parte del empresario —el ‘derecho al pataleo’ como él lo llama— y el chantaje económico de los impagos no han cesado. Es una situación que, en mitad de unas negociaciones, no nos parece lógica, y que parece buscar a toda costa una reacción con la que justificarse.

No se la vamos a dar. Pero tampoco vamos a permitir que el acoso salga gratis. En uno de sus pataleos públicos, un comentario le apremiaba a llamar a ‘algún amigo de toda la vida’ para que el trabajador cediese mediante la violencia física, incluso ‘tirándolo de la dársena’ si fuera necesario. Lejos de distanciarse de esa actitud, Roberto mostró su complacencia con tal comentario.

Mientras tanto, para con el sindicato sólo tiene buenas palabras: “Yo sólo quiero arreglarlo”, “no tengo ningún problema con el trabajador” … palabras que chocan frontalmente con sus actos.

Aunque nuestros servicios jurídicos nos han recomendado la denuncia—por este y por otros varios casos—, no es nuestra forma habitual de proceder. Entendemos que este es un conflicto estrictamente laboral y que ahí ha de permanecer, pero no vamos a permitir que se trate de amedrentar ni aislar a un compañero por el mero hecho de pedir que se cumpla el convenio y organizar una sección sindical en su empresa.

Desde la CNT le emplazamos, una vez más, a que se siente a negociar y pongamos solución a un más que desagradable conflicto.

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