Después de cuatro meses, la presión de la CNT ha hecho que el empresario Cai Chengbo, propietario de varias tiendas de ropa de nuestra ciudad, haya hincado la rodilla. En este punto, no está de más recordar que no nos enfrentamos a un pequeño emprendedor al que la crisis le está obligando a realizar duros ajustes. Hablamos del propietario de cuatro tiendas de ropa de última moda, situadas en las mejorcitas calles y centros comerciales de Asturias. Nuestros cálculos nos llevan a pensar que cada tienda factura unos 25000 euros al mes. Y no debemos estar muy equivocados si atendemos a los VARIOS COCHES DE LUJO que posee el tal Chengbo.

Mucha gente ha seguido con interés esta lucha, pero haremos un pequeño resumen para los que no hubiesen sabido nada hasta hoy: En enero de 2014 Cai Chengbo culmina su estrategia para abaratar “costes” laborales despidiendo a su última empleada con un contrato digno. En ningún momento tuvo el más mínimo reparo en reconocer que prefería echar a sus empleadas con mejores condiciones para contratar a otras en formación, pagándoles la mitad.

Pero el explotador Chengbo necesitaba salvar un último escollo. Su avaricia le llevaba a no querer pagar ni siquiera las indemnizaciones por despido, por lo que se empeñó a fondo en una campaña de acoso laboral para minar el ánimo de sus empleadas y que éstas abandonasen su trabajo voluntariamente. Su empeño fue tal que lo consiguió en todos los casos. Excepto en uno: nuestra compañera afiliada a CNT.

Los hechos que enfrentó nuestra compañera fueron realmente graves. El acoso moral le costó pasarse varias semanas de baja por ansiedad; pero no se rindió y continuó en su trabajo. La resistencia de nuestra compañera hizo que el mezquino Cai Chengbo recurriese a su última arma: el despido disciplinario. Con este tipo de despido no tendría que pagar indemnización, aunque tenía que dar una razón de peso para esgrimirlo. Así que se inventó la más paranoica y descabellada razón para despedir a una dependienta de una tienda de ropa: No impedir un robo. En una carta de despido delirante, este miserable reconoce que, de las dos dependientas presentes en el momento del robo, despide a la que se muestra menos sumisa. Es decir, a la que no cedió a su acoso.

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Nuestra compañera se vio así absolutamente tirada: sin trabajo, sin indemnización y sin poder cobrar el paro. Es en ese momento cuando decide recurrir a la CNT. El primer paso que dimos fue tratar de hablar con el empresario. Cuando decimos “tratar” decimos bien, cualquier negociación fue inútil: Cerrado en banda, negándose a negociar y enfrentándose a la comisión de CNT que habíamos ido a acompañar a nuestra compañera. Visto que las palabras no servían, nuestra compañera decide pasar a la acción.

Comenzamos entonces una durísima campaña de desprestigio público contra este canalla. Varios piquetes cada semana en sus tiendas, miles de panfletos informativos repartidos por la calle, carteles, reportaje en radio QK, etc. También acompañamos nuestras acciones de una denuncia ante los tribunales, aunque fue esta una cuestión menor: y es que, como bien sabemos, cada una de nuestras acciones sacaba de sus casillas al empresario. Poco a poco, piquete a piquete, Cai Chengbo se asustaba cada vez más y se avenía a pagar una parte de la indemnización; pero siempre cifras ridículas respecto a lo que le correspondía a nuestra compañera.

A finales del mes de abril, Cai Chengbo, con la chulería que le caracteriza, dice que no paga un euro. Además de ser un miserable demostró que es un imbécil. Resultó que nuestro sindicato, desbordado por los trabajos del primero de mayo, no realizó ningún piquete en sus tiendas durante esa semana y el explotador se creyó que nos habíamos rendido. A la vuelta de la conmemoración de los hechos de Haymarket retomamos nuestra campaña contra las tiendas del cretino. El último piquete que realizamos colmó la resistencia del explotador. Lo intentó todo, hasta agredirnos… nada le resultó: no caímos en sus provocaciones y nos mantuvimos firmes en nuestra reivindicación. Por fin el pasado día 21, totalmente acosado por las acciones de nuestro sindicato y por las cercanías del juicio, decide pagar lo que le reclamábamos.

Se cierra así este conflicto que nos deja muchas lecciones importantes. La primera es que los trabajadores no podemos caer en el derrotista “que le vamos a hacer”. Lo que no podemos es hacer nada solos; esto lo comprendió rápidamente nuestra compañera. Nuestro sindicato, con lo pequeño que es, haciendo uso de nuestra herramienta más poderosa, la solidaridad, le ha dado una buena lección a este explotador.

La segunda lección no menos importante es que los trabajadores no podemos fiarlo todo a la acción legal. Este conflicto es una clara muestra de que la acción directa en la calle, la acción puramente sindical, es efectiva y condición sine qua non para romper con la cadena de abusos a los que nos vemos sometidos. Las leyes del Estado no están hechas para favorecer a los de nuestra clase.

Mucho más hemos aprendido, pero no nos queremos extender. Simplemente nos quedamos con una última lección, la que le dimos al miserable Cai Chengbo: Abusar de una trabajadora organizada te sale mucho más caro.

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